Premisa para el lector: léase sin ánimo de ofenderse.
En un mundo hiperconectado como este, uno
puede encontrarse diluido en un océano como la orina de un bañista
octogenario de Torrevieja, o verse a un año de las elecciones
generales de un país como España, encabezando las encuestas
electorales. Esto último le ha ocurrido a Pablo Iglesias, un
profesor de la denostada e "inútil" carrera de ciencias políticas
(¿cómo puede haber algo de ciencia en la política? Esto sin duda
dará lugar a otra entrada más adelante).
El caso es que tras
mucha manifa y empollar, Pablo Jesucristo Flautastar, ha conseguido
conectar con la gente vía TDT, mail,
sms, güasap, "la Farola", Twitter,
mensaje en una botella de DYC y lo que haga falta.
Parafraseándole:
"para que el mensaje político sea eficaz, un 90% ha de centrarse
en la forma, y el resto hay que darle contenido". ¡Pues sí que lo tenía
claro el zagal! Ha creado junto a sus secuaces todo un fenómeno
sociológico, como fue en su día El Chilicuatre ó Chiquito de
la Calzada. El problema es que no se presenta a Eurovisión ni
pretende hacernos reír (aunque conmigo a ratos lo consigue por no
llorar). Este chaval quiere ser presidente del Gobierno de España y
hay millones de españoles que le compran su producto. Esta es la
España de las audiencias, de las mayorías, de la dictadura de la
democracia mal entendida e irresponsable.
Lo mejor del asunto es
que este Robin Hood catódico cibernético revolucionario no ha
encontrado todavía un adversario político a su altura. Quién sabe
si durante este año aparece esa estrella antagónica rutilante que
le ponga en un aprieto en lo que parece un camino de rosas hacia la
Moncloa.
Desde este rincón de la internet quiero retarte Pablo
Iglesias. No tendré la suerte de tener un cara a cara contigo en la
Secta Noche, pero hasta que me bloquees o me hagas caso, te plantearé
críticas y visiones de la realidad en muchas ocasiones distintas a
las tuyas. Con la única intención que reflexiones y no
desaproveches la oportunidad que tu rebaño te dará.
Ahí va la
primera. Tanto que hablas de recuperar la democracia secuestrada por
los mercados malignos y el capital demoniaco, por qué no empiezas
primero por recuperar la democracia
secuestrada por la ley electoral española,
que por arte de birlibirloque con su aritmética de chiste, hace que
el voto de un catalán que vote a CiU en la generales, valga más que
el de un fulano que vota a iU en Moratalaz o a Vox en Écija.
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